Corría el año 1971. España languidecía en el sopor de su otoño patriarcal. De pronto, estalló una bomba : un obrero agrícola de Archidona (Málaga) sembró el pánico en el cine del pueblo durante un espectáculo flamenco. Según el acta de la causa seguida contra el valiente muchacho de 24 años, quedó \"probado que el día 31 de octubre de 1971, en el cine Archidona, durante la presencia de un espectáculo de cante flamenco, la procesada masturbó a su novio, el procesado, teniendo éste el órgano viril fuera del pantalón, lo que motivó que salpicara de semen a los también espectadores (. . . ) y su esposa (. . . ) [sentados dos filas más atrás], causando desperfectos en sus ropas, pericialmente valorados en 3.500 ptas. y 1.600ptas. respectivamente\". \"¡Bendito sea Dios Todopoderoso, que nos permite la contemporaneidad con estos cipotes preconciliares y sus riadas y aun cataratas fluyentes ! Amén. ¡Viva España ! ¡Cuán grandes son los países en los que carajos son procesados por causa de siniestro !\", exclama el académico Camilo José Cela y, con él, miles de personas que siguieron a través de la prensa las consecuencias de tan asombroso atentado a la moral pública y a las buenas costumbres.


 
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