En la segunda mitad del siglo XVIII un grupo de científicos, inventores y pensadores se reunían en Birmingham. La mayoría procedían de familias humildes, y vivían alejados de los centros de poder, pero juntos iban a cambiar el mundo para siempre. Y lo sabían. Su pasión por la ciencia era tan grande como su convicción de que debía servir para mejorar la vida de toda la humanidad. Y esto les convirtió en el motor de arranque de la madre de todas las revoluciones del siglo XVIII: la Revolución Industrial. Mezclando ciencia, arte y comercio, estos hombres construyeron fábricas y máquinas de vapor, emplearon nuevos medicamentos, planificaron canales, hicieron elevarse globos, bautizaron plantas, descubrieron nuevos gases y minerales, y crearon objetos de belleza nueva. Cambiaron la cara de Inglaterra y la del resto del mundo. Así empezó lo que hoy conocemos como mundo moderno.


 
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