Coge el tomate y estámpalo con todas tus fuerzas contra la pared y mira como se espachurra como si fuera un auténtico tomate. A continuación observa como a tu madre se le cambia la cara y se dirige, zapato en mano, hacia ti. Menos mal que para cuando llega donde estás el tomate ya ha vuelto a su forma original. Cualquiera pensaría que es de verdad, si no fuera porque está recubierto de una capa pegajosa, que hace que se quede pegado donde lo tires. Si quieres algo más asqueroso que un tomate aplastado, prueba con una de las bolas con ratas o insectos en su interior. ¡Qué asco! Una vez que las tires contra alguna pared, estos seres empezarán a moverse a toda velocidad por el interior de la bola, hasta que ésta recupera su forma original. Van a toda velocidad, ¡parece que están vivos!.


 
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